
La Secretaría de Salud (SSA) informó que en el Instituto Nacional de Pediatría (INP) se atienden casos de niños maltratados en las escuelas, fenómeno conocido como “bullying” o acoso escolar.
La dependencia federal explicó en un comunicado que agresiones de ese tipo provocan en los menores graves daños psicológicos y físicos, como la depresión crónica que puede reflejarse en ideas suicidas, abandono de la escuela, agresión, angustia y ansiedad.
Además, para no asistir a clases los niños somatizan enfermedades como dolor de cabeza o estómago.
“El impacto en el desarrollo psicológico lo puede llevar a agredir severamente a otros o a la auto-agresión, al consumo de sustancias y en su forma más extrema al suicidio”, advirtió.
Precisó que la atención a esa forma de violencia se brinda en la Clínica de Atención Integral para el Niño Maltratado, coordinada por Arturo Loredo Abdalá y un grupo de adolescentes que han sido víctimas de maltrato en algún momento de su vida.
La SSA añadió que el servicio es otorgado por pediatras, psiquiatras, psicólogos, odontopediatras, trabajadores sociales, nutriólogos y enfermeras.
También se cuenta con abogados, educadoras y especialistas en metodología de la investigación, quienes atienden de forma integral a los niños, y se les enseñan algunas medidas de prevención de agresiones de ese tipo.
Detalló que entre esas agresiones destacan: molestar de manera permanente a un compañero en la escuela, ponerle algún sobrenombre, ofenderlo o agredirlo física o psicológicamente, es decir, “agarrarlo de bajada”, es una forma de maltrato conocida como “bullying”.
Por ello, agregó, es importante que padres de familia, maestros, médicos psicólogos, psiquiatras y la sociedad en general conozcan las características de ese fenómeno para identificarlo y tratarlo oportunamente.
El “bullying” es un vocablo en inglés que significa pandilleros o pandillas, que se empezó a estudiar en la década de los 70 en Europa, al registrarse un mayor número de suicidios en niños.
Dichas agresiones las sufren comúnmente menores inseguros, introvertidos o con algún problema físico, por ejemplo que sea muy delgado o gordito, use lentes, tenga alguna enfermedad o malformación congénita.
Los agresores son niños que tienen antecedentes de ser violentos y muestran una actitud de poder ante un grupo -conducta que los hace sentirse satisfechos-, por ello, tienden a perpetrar ese comportamiento.
“Son niños agresivos incluso con los profesores y no miden límites, lo cual denota que no tienen una adecuada atención por parte de los padres y optan por desarrollar estas conductas de agresividad”, precisó el comunicado.
Expuso que el agresor puede ser de dos tipos: el activo, porque molesta directamente al compañero, le pega o intimida; y el pasivo, quien busca mecanismos, a través de otros compañeros, para difundir algún rumor o chisme que incomode a la víctima; es decir, propiciar el ambiente para que el niño sea “etiquetado”.