
Los presidentes de Uruguay y Bolivia José Mujica y Evo Morales, respectivamente, se reunieron en esta ciudad para estrechar lazos políticos y comerciales.
También coincidieron en sus puntos de vista sobre Cuba y el trato que el gobierno de Raúl Castro da a los disidentes, uno de los cuales, Orlando Zapata murió a consecuencia de una huelga de hambre.
El presidente uruguayo confió en que el pueblo cubano junto a su gobierno encontrará los caminos para lograr el respeto de la comunidad internacional manteniendo su independencia y soberanía, si bien arremetió contra el “mundo rico” que se arroga el derecho de juzgar e imponer a los demás sin asumir responsabilidades propias.
Más duro, Evo Morales se alineó con el gobierno de La Habana al calificar el asunto como un “problema interno” y criticar el “escándalo internacional” que generó la muerte de Zapata mientras que, reprochó, nadie pregunta por los muertos que ocasiona el capitalismo o el intervencionismo militar de Estados Unidos.
También declaró que, según la información que le ha brindado la embajada de Cuba en Bolivia, Zapata Tamayo era un “delincuente”.